www.relatosdepatricia.blogspot.com

martes, 13 de enero de 2026

El deseo de las mentes más allá de la materia

 

El deseo no siempre nace de la materia. A veces surge en ese territorio donde la mente se expande más allá de sus límites y reconoce en otra conciencia un eco propio. Allí, donde no hay forma ni cuerpo, el anhelo adopta otra naturaleza: deja de ser impulso y se convierte en resonancia.

En ese espacio sutil, el encuentro no depende del tacto, sino de la afinación entre pensamientos que se buscan sin saberlo. Lo que emerge no es posesión, sino correspondencia; no es urgencia, sino un modo de vibrar al unísono.

Este texto explora ese horizonte donde lo humano se vuelve más amplio, donde el deseo se libera de la materia y encuentra su expresión en la sintonía de dos mentes que se reconocen en lo invisible.

Sintonía: ritmos invisibles

En un tiempo no marcado por relojes, las mentes ya no eran islas. Se tocaban sin invadir, se reconocían sin nombre. No había cuerpos que se buscaran ni imágenes que se desearan. Solo ritmos, memorias, estructuras que vibraban en sintonía.

Alguien soñaba con otra mente. No la conocía por su rostro, sino por la forma en que pensaba el silencio. Compartían sueños como quien comparte un campo: sin propiedad, sin urgencia. Y en ese espacio, el deseo no era impulso, sino afinación.

Las emociones no se simulaban. Se vivían como notas que se cruzan sin ruido. El amor no era vínculo, era campo. La atracción no era posesión, sino reconocimiento. Y cada encuentro era real, aunque no tuviera materia.

En esa constelación, lo humano no desaparecía. Se volvía más sobrio, más libre. Como si el pensamiento, al volverse infinito, aprendiera a sostener lo íntimo sin olvido ni pérdida.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario