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viernes, 24 de febrero de 2012

La habitación del pánico.




Viajábamos en avión cruzando Suiza.

Al atravesar  durante un tiempo la zona extensa de los Alpes hay ajetreo entre viajeros. Los del lado derecho visualizaban  algo extraño abajo. Tanto que provocó que parte de los viajeros del lado izquierdo fueran a visualizar lo que llamaba la atención.  A gran altura se veía salir  de una explanada rodeada de montañas copadas de nieve tres enormes aparatos de un color verde plateado. Digo grande porque cuando me acerqué a ver desde la ventanilla, se podía ver con nitidez tres aeronaves de enormes dimensiones.  Enseguida supe que no era  obra de humanos.  Ante tanto revuelo, el piloto a través de un micrófono llamó varias veces al orden y nos complació reduciendo la velocidad para que  todos los viajeros pudiéramos  verlo. 

La aeronave tenía dos frentes diferentes, dos extremos adaptados según un u otro tipo de barreras que romper. Tenían en un extremo un  medio-circulo o media luna y en el otro extremo había una especie de diseño de avión Concorde. Sus dimensiones me hicieron temblar porque podía sentir la naturaleza de esos seres, fuertes, inteligentes capaces de una construcción así. La nave más pequeña  superaba  30 veces el tamaño del avión más grande construido por el hombre. Las tres se encontraban como si hubieran salido del interior de las montañas.

Más tarde pienso que es posible que desde el aire pudieran sufrir un ataque. Siento ver el efecto del resultado como una gran explosión nuclear. Pienso que lo que ellos puedan hacer aquí no invade nuestro desarrollo. Nuestro organismo no es capaz de vivir y trabajar bajo estas temperaturas, incapaces de diseñar algo así, incapaces de tan alta tecnología. Pienso que pueden tener necesidad de algún elemento que no les resulte fácil conseguir en otros mundos y finalmente estén aquí solo para recoger algo necesario para su evolución.

Más tarde me veo presente en una guerra en la que estos seres son atacados por la élite militar de diferentes países. Veo cómo manejan artilugios de guerra y armamento de última tecnología. Me hayo presente, pero no soy visualizada por ninguno de los que  preparan el ataque. Por más que aviso, por más que digo,  no hay forma de salir de esta guerra, mis voces son ecos al vacío. El armamento de los seres (falsamente invasores) es potencialmente superior. Veo su físico de dos metros de altura y gran corpulencia y manejan sistemas de ataque fácilmente destructivas sin el uso de armas. Siento su capacidad de eliminar barreras y cualquier obstáculo. Para ellos somos seres primitivos.  En su pensamiento evolutivo no existe clemencia para nuestra raza. Siento que no atacan si no ven en riesgo su misión.

Me veo avisando de que su tecnología es terrible, que van a morir  todos, que hay que desistir, pero mi voz es nula. Los militares entran para atacar en un refugio o boquete de montaña. En la oquedad de piedra se halla una gran cueva de paredes lisas y color claro que contrastan en la gran oscuridad. Es una trampa, los militares han caído en la red. Creen estar seguros en su escondite e ignoran que se encuentran en un zulo. Sintiéndose seguros preparan sus artilugios para atacar al invasor “pero es nuestra raza, los humanos quien les invade y  ataca”.

Viendo  una guerra perdida y sin justificación me veo intentando salir del zulo. En las paredes de la cueva la piedra húmeda refleja una tenue lucecilla roja y me aferro a ella palpando su lomo frío y resbaladizo hasta que mis manos rozan el saliente del marco de una puerta metálica blanca  (como las que hay en  los largos túneles para salir ante el peligro cuyo membrete en rojo dice "auxilio”).

Entro en la habitación de blanco y siento verme como en la habitación del pánico, toda está bloqueada, no hay salida. La única puerta da a la cueva y es donde no deseo estar ni ver lo que pasa.  Allí permanezco  encerrada y pensando que va a pasar cuando la guerra termine, mueran todos y me vean bloqueada por el pánico. Pienso que también me destruirán a mí una vez hayan terminado con ellos y pienso que tampoco tendrán miramientos cuando me vean, que mi final será igual que el de ellos.

Encerrada, escapo de una guerra que no entiendo, no justifico y está perdida de antemano. Nosotros al conocer su existencia fuimos contra ellos como si hubieran allanado la tierra, como si la tierra fuera propiedad  de los humanos. Ellos, teniendo el poder de atacarnos de mil formas, no lo hicieron.

En la habitación del pánico culmina silencio. No se oyen balas ni gritos. Pasado un tiempo alguien abre la puerta y me pregunta que hago dentro y respondo que no participo en guerras perdidas, que por favor cierre y me deje estar dentro.

Intuyo al salir que todos han muerto. No visualizo a nadie, el armamento está intacto, no ha habido ataque cuerpo a cuerpo. No hay heridos, ni sangre. La emisión de un sonido dañó su cerebro provocando la muerte de todos, posteriormente un gas difuminó sus cuerpos.

martes, 7 de febrero de 2012

De otro mundo.


Me he visto sentada frente a un ser diferente a la raza humana pero de características físicas similares. Todo su cuerpo estaba cubierto como si llevara un traje de neopreno,  excepto el rostro. No tenía pelo y no sabría definir su sexo porque su rostro no mostraba características o rasgos que me orientaran, tampoco bajo su traje mostraba definición física que pudiera distinguir su sexualidad.


Le pregunté si estaba desnudo y me dijo que no, que llevaban una especie de segunda piel adaptada con las propiedades físicas de nuestras prendas y otras más. De recién nacidos se les baña en este ungüento que les sirve de aislante al medio externo, protege la temperatura al tener efectos térmicos, contiene nutrientes  minerales y vitaminas, aporta humedad, es antibacteriano, según edades integra componentes vacuna. Se ha de renovar cada determinado tiempo, es biodegradable no daña al medio y su pérdida sirve de alimento a otros seres.

No existen industrias que contaminan y toda la población lleva la misma envoltura. La única particularidad es el tipo de  envoltura que según edades es diferente adaptándose al crecimiento y necesidades.

Los trajes se renuevan en una especie de cabinas, entran, les cubren con una especie de gel en el que elimina el resto del traje deteriorado y se vuelven a cubrir de nuevo con el segundo gel, así varias veces en su vida.  Yo pregunto y ¿cómo eliminan? El traje es permeable, tiene unas aberturas ocultas que se abren al tener necesidad.

No portan nada encima. Su imagen corporal, el rostro y especialmente los ojos se gravan en cualquier estancia que vallan.  No llevan encima ropa, bolso, relojes, llaves. Hay cabinas que realizan virtualmente cualquier deseo experimental, sirven de ocio quedando registro guardado no solo su estancia, también queda registrada la emotividad experimentada, sensaciones, pensamientos y deseos. La persona es registrada por seguridad a modo escáner siempre vaya a donde vaya.


Los envases o envoltorios, todos, sean del tipo que sean tienen diferente diseños. Las capas físicas del mismo elemento varían para darles la rigidez o características precisas, pero están elaborados con los mismos compuestos químicos, de manera que cuando se recicla sólo se ha de reciclar un tipo de elemento para volver de nuevo a renovarlo, tiene además las características de biodegradable y al igual que su segunda piel no dañaría al medio ambiente.


La ingesta de alimentos es muy poca en relación a los humanos terrestres. Ingieren menos cantidad pero la absorción de nutrientes es muy alta, se excreta  por tanto menos y el metabolismo se haya reducido. La temperatura es más baja, a diferencia de nosotros, están adaptados al frío negativo  y no a las  cálidas temperaturas de nuestro planeta.

Utilizan los volcanes como incineradoras. Los residuos orgánicos se mezclan junto al resto de materias que no les son útiles y son trasportados a través de canales o redes a la combustión volcánica, evitando de este modo acumular deshechos, utilizan las mismas redes de calor volcánicas  para las necesidades de energía.


Habla que cuando uno se encuentra enfermo porque algún órgano está defectuoso o envejecido se ingresa en periodo de hibernación, máximo dos días, quizás horas según el grado o daño de lesión.   Mientras se hayan ingresados el metabolismo al estar reducido  necesita menos aporte de nutrientes, menos oxígeno por lo que  genera poco estrés oxidativo. Permanecen en la Unidad Basal Mínima (UBM) hasta la recuperación fisiológica. Los órganos se restituyen si se puede por microcirugía intra-corpórea  o estimulan mediante ingeniería genética el desarrollo del nuevo órgano dentro del cuerpo. Superan la edad de 1000 años.  


Lleva un especie de  colgante con un ser cristalizado o fosilizado para mi, repulsivo. Le pregunto  si es algún ser de su mundo, responde que es una  copia de sus orígenes. La genética es tan avanzada que pueden retro-activar  su evolución y ver las etapas antecesoras  en pantallas, como una televisión. Después el genetista en una especie de pequeña cámara virtual introduce  los genes y elabora una copia. Lleva  una imagen del principio genético de sus orígenes como si fuera un detalle de solapa.


Me habla, los seres humanos no pertenecen a quien los trae al mundo, pertenecen al planeta. Son las  instituciones del estado las encargadas de vigilar  la crianza y educación potenciando desde que nace su desarrollo psíquico y físico.   Todo conocimiento que no se practica o ejerce se extingue, por eso llevan siglos educando en función de su genética y potenciando las  dotes  innatas que demuestran en la infancia.

Los pilares básicos de su evolución son ciencia y el avance tecnológico. No se concibe el sufrimiento físico, irse del mundo con dolor físico ni permanecer en él con sufrimiento. 


Tengo gran interés en saber otras cosas y le espeto ¿conoces varias especies? Y  responde que hay tantas como la mente pueda imaginar. Calla y me pregunta ¿Cuántas clases de aves conoces? Respondo muchas, es imposible de cuantificar e incluso conocer con exactitud, calculo que debe haber miles, es una evolución muy extendida y variada. Dime entonces ¿Porqué creéis que estáis solos? 

La información que nos llega es parcial, enfocada, emitida  y elaborada por la percepción de personas especialistas. La mera información  siempre es parcial y entendida según evolución perceptual y educacional, pero a su vez también es una percepción personal por lo tanto la información la entendemos a su vez de manera parcial. La verdad de un todo nunca llega por ser amplia y compleja, requeriría de estudios complejos, tiempo y dinero.

También incurriríamos a parcializar los hechos pese a que se mostraran lo más cercanos a la realidad porque llevamos arrastrando en nuestra evolución la percepción de las cosas que vemos u oímos en función del estado físico y psicológico del momento. La verdad se escapa siempre, es la suma de percepciones parcializadas.  Nosotros nacimos sumergidos en unas guías educativas del cual heredamos e institucionalizan.  Por eso cuando alguien sale de la norma o dice ser sometido a alguna experiencia no frecuente y clasificada como fuera de lo normal, se anula y justifica con razones vinculadas al método científico aunque en realidad no sea clasificable.


Muchos humanos creen que no estamos solos, que posiblemente estemos cerca de alguna especie evolucionada y que es posible que la evolución de las especies de Darwin sea la norma en planetas que contengan similares características, planeta rocoso, agua líquida, atmosfera, etc., elementos indispensables para la vida tal y como la conocemos (debido a los avances, hoy se admite que la vida puede originarse en planetas cuyas características físicas son muy diferentes a la tierra)  por lo tanto, sí  creen posible que existan extraterrestres  inteligentes  pero nuestra educación está diseñada y dirigida para no creer en lo que no se ve y asumir como verdadero  y práctico una educación dogmatizada e institucionalizada.

Dime ¿sientes miedo? No más miedo que el que pudiera tener a humanos. Nos han educado con el miedo. Así que si alguna vez tuviera un encuentro y me generara miedo, mi percepción sería parcial porque ese miedo bloquearía la parte de realidad que yo visualizara o recordara.  Me interesaría ver otros mundos antes de partir, poder ver su evolución, que piensan de nosotros y preguntar lo que todo ser humano ¿porqué estamos aquí? 

Todo lo que uno posee en la tierra con el tiempo vuelve a la tierra. Los valores por los que luchamos para obtener estabilidad o seguridad carecen de sentido. El planeta tiene su vida propia, se destruye, se renueva y con él también el conocimiento. La especie humana ha sucumbido varias veces, al igual que su avance.  El verdadero valor se halla en la evolución, el conocimiento, el avance tecnológico. Garantizar su protección debe ser primordial y la tierra no es el lugar adecuado para protegerlos.


Conforme el hombre vaya adquiriendo mayor conocimiento  más se desprenderá de los artilugios banales en los que vive inmerso, será más generoso y se establecerá unanimidad, una única creencia moral tomando como única guía espiritual el bien común y el respeto. Entendiendo como el bien común y respeto no solo entre humanos sino también hacia las diferentes especies que lo habitan y el planeta que los sostiene.  

jueves, 19 de enero de 2012

La Lotería.




Me vi sujeta a ti, abrazada  y alegre. El brazo izquierdo te rodeaba, el derecho elevado mantenía en vuelo el décimo de un sorteo de lotería agraciado. Viendo la escena, parecía  próxima  a  la ventana de mis sueños, sin embargo cuando quise ver  el número del boleto sentí  atravesar un caudaloso río en sentido inverso a la corriente de sus aguas. Nadando contracorriente y gran esfuerzo físico llegué a acercarme a nosotros para ver de cerca el número.

A la mañana siguiente junto al café, queso y  frutas  le envuelvo de fantasías creadas mientras duermo.  Me pregunta ¿recuerdas el número?  Y le digo  ¡claro, lo memoricé en ensueños!

Al terminar el día, al volver a casa,habla cómo le fué en el trabajo, anécdotas, visitas  y dice tranquilamente... ¿sabes? yendo al trabajo se me ocurrió acercarme a un puesto de loterías y le pregunté a la señora ¿no tendrá usted por casualidad el número  **.*** ?,la señora  dice sí,  el número está reservado a un colectivo desde hace años y nunca ha tocado.  Entonces  le cuenta: mi señora ha soñado con este número esta noche. Ambos se quedan sorprendidos. La lotera dice mire que es difícil  soñar con un número y encontrarlo en el primer puesto de loterías que entra  habiendo miles de puestos de ventas de loterías repartidos por toda España. La señora amablemente refiere que la casualidad puede traer suerte, comenta: si desea puedo hacerle un hueco y pasar a formar parte del colectivo que lo tiene reservado.

Un día hablando del número soñado y las casualidades de los sueños con un vendedor de loterías, me pregunta: ¿recuerda que tipo de papeleta era? Pues hay: boleto de la Once, Lotería del Jueves, Lotería del Sábado, Lotería de Navidad, Lotería del Niño, etc. Me di cuenta de que no había caído en el detalle de observar el tipo de lotería del sueño. 

Han pasado más de tres años. Desde entonces mi marido cada sábado compra religiosamente el número soñado. Le digo, no compres mas…ya ves que no toca, mi lotería fue conocerte, ella eras tú.

sábado, 31 de diciembre de 2011

El color del agua.


En algún sueño me ha pasado lo que sucedió anoche. Soy atraída por un túnel del que no puede uno escapar, solo puedes dejarte, ir a donde te lleve. El túnel aspira a una velocidad muy alta y parece estar hecho justo para las medidas del cuerpo. La atracción sometida es muy fuerte, tanto que sería imposible salir, he de dejarme pues que ocurra y esperar que sea breve.

La primera  vez me pasó esta experiencia apenas estaba durmiendo.  Fui llevada de la misma manera que esta anoche pero con mucho miedo, desconocía lo que pasaba. Anoche me alegré de verme de nuevo envuelta en estas cosas raras que ocurren mientras duermes y no resultó como anteriores veces donde el pánico bloquea el presente.

Hoy deseé llegar al final del viaje, no tuve miedo a esta aventura tan extraña. Llegué al centro de una especie de enorme burbuja o platillo blando y elástico situado en el aire. Allí a oscuras sentí ser observada detenidamente por seres que no dejaron mostrarme su rostro o, si estaban mis ojos no vieron más que esferas del tamaño de un balón cuya envoltura de color suave era maleable e hidratada. Las esferas diagnosticaban dolencias a través osmosis con mi parte aguada recorriendo cada trocito de mi cuerpo en la que ambas aguas comunicaban.
  
Empezaron su estudio por el cuerpo y cuando llegaron a la mente podían leer mis pensamientos y sentir mis sentimientos.   Entonces, en ese momento  recordé la imagen de mi marido y su imagen quedó fuera, analizándolo virtualmente. Volvieron de nuevo a insistir y a leer otra vez mi cerebro y la imagen de él volvió a surgir de mis pensamientos. Sentí hablar  que debían dejarme y me veo otra vez  en el túnel veloz, de vuelta al mundo de los sueños. 

Al desayuno le hablo de mi sueño. Le digo, si no hubieras estado dentro de mis pensamientos ¿qué habría pasado? ¿Me hubieran llevado con ellos? 

lunes, 19 de diciembre de 2011

Las golondrinas también hablan.




Consigo no caer en sueño profundo, deseo verte temprano, de madrugada.

Quiero sentir el reposo soluto y firme de la montaña, 
sentir los frágiles movimientos de aquellos seres que vigilan su morada.
Quiero sentir el frío hielo del que está rodeada, sentir sus sensaciones, 
fijar sólo en ella mi mirada.

Todo está en silencio...
le acompaña algún murmullo de aves que vigilan su posada.
Abro la ventana ¡qué bosque tan helado!
 Así están de firmes los robles, pinos y álamos.
Se respira aire limpio y un fuerte frescor perfumado.
Observo el firmamento, que azul tan intenso,
lo cruzan estrellas fugaces dejando lazos blancos en su techo.
Siento cerca el jaleo de un nido. Oigo conversar igual que oyera despertar  voces de niños que vieron roto su silencio.
Preguntan ¿Qué pasa mama?  Y su madre responde… No pasa nada, tranquilos.
Alguien abrió la ventana para observar el paraíso y ver la nada, todo está bien,
volver a dormir, soñar en calma.

viernes, 16 de diciembre de 2011

El salón iluminado.



Sola,  me hallo en la cima de un nítido coloso de cristal. Desde su altiva azotea se divisan con claridad rápidos paseos de infinitos puntitos negros. Son miles de hormigas  corriendo en asfalto oscuro, azul y húmedo. Iluminadas por el color nocturno de las grandes urbes,  su volátil cuerpo toma luz en sus breves tropiezos y rápidos andares.

Una segunda mirada, observo con detenimiento… y quedo absorta al ver que no son hormigas, que son humanos. Desde  la cima del coloso, rodeada de tinieblas en la noche, veo claramente el abrazo simultáneo de miles de seres que en avenidas, paseos y cruces de calles paran brevemente para abrazarse.

En la oscuridad, mi luz, es la luna reflejada en el diamante helado. Vestida de seda azul claro,  jugué a destellos con lazos de cristal y estrellas color índigo.  Esperando, mi ser vitrificado fue capaz de percibir tímidos ensayos de un violín sepultado. Me dije: ¡no estoy sola!

La azotea descubre poco a poco su cristalino manto y emerge un salón iluminado cubierto de albores. En su interior hay una orquesta que espera la llegada de un desconocido ser.

Intento pasar al salón pero mi deseo es bloqueado. He de permanecer fuera, esperar y recibir su presencia.

Empiezo a oír hélices de un helicóptero, me acerco a recibir al único viajante. Baja un caballero, se despide del piloto y se acerca a mí con intención de abrazarme pero no puede. En un brazo lleva un pequeño maletín, en el otro un gran abrigo que debe dejar dentro del salón iluminado para sentirse libre y poder darme abrazos, pero una vez entra, su imagen se desvanece y quedo de nuevo sola esperando.

Mas tarde oigo que se acerca otro helicóptero y de él, baja un apuesto caballero.  Trae consigo un  maletín y también un paño de abrigo. Al verlo acercarse a mi, pasa lo mismo, dice: solo un momento, voy a dejar lo que llevo en mis brazos, y al entrar al edificio para dejar lo que llevaba entre manos su imagen también se disipa.

En noche de invierno, en la cumbre de un coloso de cristal, el hielo da forma a cualquier figura. Al igual que en alta montaña las cubre de fisuras, de escarcha cubre la piel y  la voz es vapor de niebla quebrada.  

Pensaba que  pasaría otra vez, sentí miedo por anteriores experiencias, volví a refugiarme y quise una vez más esperar hacia el calor del salón iluminado. La orquesta no atendió súplicas, fueron palabras heladas. Rodeada de inmenso manto de estrellas me senté de nuevo a la espera de su llegada.

Me pregunté ¿cómo sabe la orquesta que ha de llegar alguien? y ¿quín es ese alguien? ¿Qué esperan si aquí no hay nadie?

Más tarde, de nuevo volví a oír las astas del helicóptero.

Quedé sorprendida al ver quien bajaba. El caballero vestía elegante traje, sus manos vacías, no llevaban nada. En su primer paso me miró y puso sus brazos en alza. Enseguida se abrieron las  puertas del salón iluminado y la orquesta inició su melodía pausada. 

Recuerdo sentir el calor de sus abrazos, rodeados de luces de cristal que brotaban del salón iluminado.



miércoles, 28 de septiembre de 2011

Un pingüino en el hotel.


Al volver al hotel, después de estar fuera realizando gestiones, vi que uno de los conserjes iba dando escobazos a un pequeño animal que se había colado dentro.

El animal, al verse perseguido por una escoba que le azuzaba copiosamente por un ser poco amigo de animales, corría desesperado por pasillos y habitaciones.
Al abrir la puerta de mi habitación vi colarse velozmente bajo mis pies a una especie de pájaro de grandes dimensiones, acto seguido sin saber exactamente la clase de animal que se había colado en la habitación, vi entrar corriendo con la escoba al conserje.  

Esquivaba de manera veloz ser preso y azuzado por escoba. Al principio no pude precisar exactamente al tipo de animal, hasta que vi que de debajo de la cama subía rápido a esconderse bajo las sábanas a un pequeño pingüino.

El conserje de manera airada y violenta destapó las sábanas…y allí estaba él, desamparado y pillado a la espera del escobazo.  Levanté mis manos para evitarlo y cogiendo al vuelo la escoba, que devolví al conserje, di orden que el pingüino se quedaba en la  habitación.


No me pregunté de donde había salido, ni porqué estaba allí, solo me pregunté cómo podía una cría de  pingüino ser tan veloz y correr de esta manera.

Palomillas de muro.





Me vi paseando por la colina de una enorme montaña.

En la cumbre, el gélido aire de la mañana que cubre sus suelos de blancas alfombras, semeja  maná, claro y limpio. Su húmeda brisa alimenta diminutas plantas que heladas del frío de la noche, desnudan a la mañana su manto de hielo, aflorando su delicado ser.

Aferradas, protegidas de la afilada humedad de la noche, entre fisuras de roca, dejan caer sus brotes de pequeñitas hojas, mostrando cada  amanecer en cielo claro, abierto y álgido sus brotes de hermosa flor guarnecidos, de nombre palomillas de muro.

Supe que el mínimo roce pudiera ser quebranto de belleza, así que me limité a observar su delicada melena, sentada a sus pies de espaldas a  la roca.

Bajo gran mutismo, en compañía del canto de  aves y coro de insectos, el tiempo pasó callado, en silencio, bajo gran paz y ronroneo envueltos que hicieron perder el pasar del tiempo.


Creí que era el placer que da sentir el golpe de aire helado en lo más alto…, fue entonces cuando me di cuenta de estar envuelta de frágil tacto… mis brazos se hallaban vestidos de tules hojas dando fresco placer delicado. Quedé perpleja, no sentí miedo ni daño, sólo la fragilidad de su tacto. 
Entonces comprendí mi efímera esencia. Cuando vuelva a ser volátil y de nuevo sea tierra, agua, aire y viento, regresaré, me aferraré sedienta a una roca para sentir vidrioso y emotivo abrazo.

viernes, 15 de abril de 2011

Brotes de libertad.

       
Al permitirme ser árbol y sentir de manera onírica la magnitud de tu osamenta, sentí envidia por el sutil sentimiento que tu tronco ostenta. 

Percibí la jactancia de tu orgullo al placer de advertirnos. Creímos no ser observados, que nuestros rápidos andares, eran al igual que el polvo que arrastra el viento… pasajero.

Por instantes sentí pena al ver que las ramas ignoran que  no pueden migrar, no saben que son brotes de ti mismo, brotes de lucha, brotes de libertad.
Crecen tiernamente de manera silenciosa con bostezos matinales, que esperas como padre cada amanecer. Aprovechan tu debilidad y con fingido baile provocador cabalgan al unísono del aire, trotando, subiendo, soñando escapar de ti.

Al percibir gran tumulto y arranque de tantos brotes tiernos en tu tronco,  embobado las permites subir al firmamento.  En su evasión se dan cuenta que no pueden ir más allá del largo de tus raíces.


Su huida en alcanzar el cielo, proporciona grata sombra que refresca la tierra que cubre tu interior y entonces recibes de ellas abrazos de multitud de pequeñitas hojas rojas, de brote tierno y un sinfín de flores que dan vestidura hermosa  a vuestra imagen perfumada.

domingo, 27 de marzo de 2011

La limpia mirada de una niña. (Experiencia vivida).


Hace años, realizaba de manera frecuente viajes en tren de corto recorrido. Viajaba desde Barcelona hacia la comarca de Osona. En uno de los viajes, coincidí en el frontal del asiento con una familia de latinos. Dos niños de corta edad acompañaban  a sus padres.

El viaje hacia su  trayecto bordeando sus helados y bellos bosques. Acompañada del un libro, cuya lectura interrumpía  para absorber la fragancia  y contemplar el paisaje.

Sentada frente a mi, una niña pequeña, morena de ojos oscuros, “no tendría más de cuatro, quizás cinco años”, no dejaba de mirarme. Me vi  cautivada por esta criatura. No sé qué pasó, jamás tuve una experiencia así. Casi dos horas de viaje, aferradas, sin poder apartar  ambas nuestra mirada.

No  respondió a los abrazos y caricias de su madre, ni respondió a lo intentos del padre. Tampoco prestó atención alguna al  hermano que de vez en cuando la zarandeaba para romper su hechizo.

La madre la sentó en sus rodillas, su padre la hablaba,   pero ella como si estuviera sola, siguió fija a mi mirada. 

Cuando la recuerdo, me pregunto qué es lo que la niña pudiera haber visto para estar en su corta edad quieta, callada, aferrada.


Recuerdo que me sentí presa de algo que no puedo explicar. Es como si la niña tuviera la capacidad de transportarme al infinito.